Hay personajes en Carcabuey que, sin serlo, en el sentido limitado de la palabra, puesto que no han ocupado cargos, ni han sido famosos en alguna faceta de la vanidad humana; sin embargo, para la buena gente, son personajes, y lo son por derecho propio, por el más verdadero de los derechos, su humanidad, su trabajo, su responsabilidad, su vida diaria, en una palabra, por ser como han sido.
Miguel “El Cartero” ha pasado ya a formar parte de la pequeña historia de Carcabuey, de la que no está en los libros, sino en la memoria y en el corazón del pueblo, dónde solo está la buena gente de verdad, como él.
Miguel “El Cartero” pasó su vida, de eso, de cartero; de cartero pero de los de la vieja escuela, cartero de vocación, de los que se alegraban con las buenas noticias y se solidarizaban también con las malas, de los que se paraban a leerle las cartas a los que no sabian leer, e incluso a escribírselas a los que no sabian escribir.
Cartero de buscar al destinatario, estuviese dónde estuviese, hombre afable, servicial, con gran sentido del humor, sencillo, humano, buena persona en una palabra.
La verdad es que, en estos momentos, cuando llega la hora de hacer balance, uno se da cuenta, de lo que es, o no, importante en esta vida; lo que vale realmente y lo que que da al final, y en ese balance Miguel “El Cartero” es hoy un personaje recordado y querido por la gente de su pueblo, por eso, por ser sobre todo un buen hombre, un hombre caval, un capital que sera siempre el consuelo de su familia.
Descansa en paz, amigo mío.
Colabora | Narciso Caracuel
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